La reputación: el “top one” de los activos de una empresa

La reputación, según la RAE, es la opinión, consideración, prestigio o estima en que se tiene a alguien o algo.

La reputación, desde el punto de vista empresarial, se convierte en uno de los activos más valiosos y debe ser protegido firmemente. Si una organización se percibe de forma positiva por empleados, clientes, accionistas, socios, proveedores, organismos, competencia y terceros en general, crecerá su nivel de confiabilidad y, a su vez, se fortalecerán sus relaciones comerciales e institucionales.

La reputación empresarial y la imagen corporativa deberían ser valores defendidos hasta sus últimas consecuencias por las organizaciones, como vía de consolidación, posicionamiento y expansión en nuevas oportunidades de negocio, siendo su gestión la que impida acciones que puedan ir en contra de la propia marca dando lugar a consecuencias catastróficas, como resultado del incumplimiento de las Leyes, regulaciones sectoriales y normas internas que apliquen a su actividad.

Cuando una organización realiza su actividad, decide ampliar nuevos horizontes de negocio o asociarse con otras entidades para acceder a nuevos mercados, se plantea objetivos y metas que pueden dar lugar a diferentes riesgos. Enfrentarse a ellos forma parte de los procesos inherentes a las compañías, tanto en la operativa que llevan a cabo día a día como en la adopción de decisiones estratégicas.

Las empresas son cada vez mas vulnerables ante aquellos riesgos que pueden afectar a su reputación.

En este sentido, el riesgo reputacional debería ser tenido en cuenta como el “Top one” y ser uno de los más valorados dentro de los Programas de Compliance, ya que implica un valor intangible para la empresa, que suma transparencia, tranquilidad, seguridad y confianza a todos los que forman parte de la misma, así como a aquellos terceros con los que se relaciona, apostando por un compromiso de cumplir con la legalidad y por una cultura empresarial ética que potenciará su imagen y su competitividad.

El impacto que produce un riesgo reputacional en una empresa será, en la mayoría de las ocasiones, muy complicado de reparar debido a la difusión social y mediática, más si cabe teniendo en cuenta el mundo digital en el que nos movemos, donde una noticia podrá reducir a cenizas la reputación creada durante muchos años por una compañía.

Para evitar estos impactos en las organizaciones, el factor clave será conocer e identificar qué situaciones pueden dar lugar a que se produzcan riesgos reputacionales, con la finalidad de evitarlos o minimizarlos al máximo, siendo su gestión uno de los principales desafíos de cualquier entidad.

Por eso, las empresas deben entender al riesgo reputacional como uno más en su mapa de riesgos y asociado a otros como pueden ser la corrupción, el fraude y los daños medioambientales, identificándole y acotándole por el impacto y la probabilidad de que ocurra, teniendo en cuenta que además podrá variar a lo largo del tiempo.

Es importante, relacionado con la salvaguarda de la reputación, atender tanto a los valores, conductas y prácticas que la organización quiere defender, como a la percepción que los diferentes stakeholders tienen de la misma.
De esta forma la adopción de Programas de Compliance que se mantienen a lo largo del tiempo vivos y dinámicos, se conforman como elementos garantes del compromiso que tienen las organizaciones de cumplir con la normativa a todos los niveles, tanto en lo relacionado con los procesos que desarrollan, como en lo que se refiere a la prevención de delitos, siendo una muestra de transparencia que repercute en su reputación, permitiendo mejorar su valor intrínseco.

“Lleva 20 años construir una reputación y 5 minutos destrozarla. Si piensas en ello harás las cosas de forma diferente”
Warren Buffett

Por Berta Grandal.